lunes, 10 de marzo de 2014

Un mes viviendo en Hasselt

Hace exactamente un mes me encontraba dentro de un tren, camino a la ciudad en la que viviría los próximos 5 meses. Han parecido unos pocos días, pero lo cierto es que ya he cumplido la quinta parte de mi Erasmus, y aunque en parte me alegra porque me siento muy cómodo, en otra parte me disgusta porque me da la sensación de que esta experiencia será intensa y corta.

Vivir como Erasmus es algo bastante diferente a como en un principio yo pensaba. Tras unos meses colaborando con la asociación de estudiantes internacionales de mi universidad (ESN), mi concepto acerca de irse a estudiar a otro país era bastante diferente, tanto que no sabría ni explicar las diferencias, aunque las hay. 

Vivir en una residencia está teniendo sus cosas buenas (la integración desde el minuto uno, que siempre haya alguien con quien poder hablar y pasar tiempo juntos, la comodidad de no tener que limpiar las zonas comunes y especialmente el precio, ya que es mucho más barata que cualquier estudio) pero también sus cosas malas. De esta última resaltaría el micro-mundo que se crea dentro de la residencia, a veces llegando a distorsionar una experiencia que a priori parece que te va a llevar a practicar mucho el inglés. Difícil con el ghetto greco-vasco-andaluz que tenemos aquí montado, pero me gusta. 

La universidad tampoco ha cumplido del todo mis expectativas. Pensaba que, como cuele ocurrir en mi universidad, habría más control o seguimiento a los estudiantes, y nada de eso. La mayoría de profesores se han limitado a vomitarme unas pautas a seguir para realizar un trabajo y nada más. "Si tienes dudas me puedes escribir a mi correo" te dicen después de ir a buscarles al salir de una clase porque no te responden a los emails que les enviaste hace dos semanas. Fantástico.

También me gusta la distancia porque solo pueden recorrerla los corazones que tienen motor propio; los que vienen empujados por los intereses se quedan en el camino. Los 1.700 kilómetros que separan Almería y Hasselt han dado para mucho en este mes que hoy cumplo aquí, y no me cabe duda de que seguirán dando. La distancia con Almería, y especialmente con los almerienses, me está ayudando a conocer un poco más a fondo como realmente soy, y de momento no tengo ninguna queja. El nivel de relajación al que estoy sometido en este país es algo que nunca había experimentado. Sin enfados. Solo con gritos que vienen seguidos de carcajadas. Las únicas prisas: para pillar un tren. Unas "vacaciones" que necesitaba. Una pausa.

Todo sea dicho, echo de menos, además de muchas cosas, a muchas personas. El otro día compartíamos impresiones en la "living room" y parece que a todos nos pasa algo parecido: echamos en falta que alguna gente nos hable más a menudo y no lo hacen por si estamos ocupados. De verdad, es genial que consideréis que pueda estar viviendo la vida loca y no tenga tiempo ni para mandaros un abrazote, pero también me gusta leeros (ya que a algunas no puedo ni veros) y lo necesito. Nunca dejéis de escribirme porque penséis que no tengo tiempo para vosotros; lo tengo, y aunque quizás no pueda hacerlo coincidir con el vuestro, tendréis noticias mías. Si queréis.

Un mes como #UnAlmerienseEnHasselt y deseando que el siguiente tarde mucho en llegar.

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