domingo, 16 de febrero de 2014

¡He llegado vivo!

Hace siete días que el nombre de este blog ha cobrado realidad, pese a no haber comentado nada al respecto. Han sido unos días locos que no sabría ni como calificar. Adaptarme a la residencia, a la ciudad, aterrizar en la universidad. Y solo he empezado.

Salí de Almería el domingo 9 a las 22:30 entre lágrimas. Noche en El Prat viendo series y tirado por los suelos y mañana de turbulencias hasta Bruselas. Cuando llegué al aeropuerto de Bruselas me sentí muy pequeño y más agobiado. Es inmenso, pero especialmente caótico. Para salir tuve que pedir indicaciones en varias ocasiones y seguir a las caras que me sonaban del avión. Finalmente llegué a la zona de recogida de equipajes y pude respirar tranquilo. Un par de minutos, maleta en carrito, carrito en mano, y todo para adelante. 

Bajé a la planta menos dos (creo recordar) y me dispuse a comprar el GO PASS. Esto es un ticket especial para menores de 26 años que vale 51 euros (lo subieron 1 euro en enero) y que contiene 10 trayectos. Es un precio bastante bueno teniendo en cuenta que pagas 5,10 por cada viaje, incluyendo trasbordos. Por ejemplo, el viaje Aeropuerto de Bruselas – Leuven – Hasselt me habría costado unos 15 euros sin el ticket. A parte de esto, y no entiendo bien por qué, cuando lo usas por primera vez en el aeropuerto debes pagar un ticket de 5 euros. Creí entender al hombre de la ventanilla que eran unos impuestos de aeropuerto, pero tras 26 horas sin dormir no me apetecía demasiado discutir.

Y ahí que me dispuse yo a bajar las escaleras hasta el andén, maleta, bolsa de mano y maletín de portátil a cuestas, con las escaleras mecánicas rotas. Cogí el tren, se retrasó unos minutos y me tocó esperar unos 25 minutos en la estación de Leuven. Foto Erasmus correspondiente y tren a Hasselt.

Una vez llegué a Hasselt, no tenía claro a dónde dirigirme. Días después comprobé que la residencia Studho está en una calle en línea recta que desemboca en la estación, pero yo preferí hacer turisteo y dar vueltas por el círculo que es esta ciudad cargado. Acabé entrando a una especie de oficina de una ONG o algo por el estilo y una mujer muy amable me imprimió un mapa del google maps con el camino. Me puse en marcha y finalmente llegué hasta Studho.

Allí me esperaba la directora de la residencia. Firmé el contrato, subí a mi habitación y decidí explorar este lugar. La primera impresión era de vacío y de miedo. Pasillos inmensos, ruido cero y poca vida. Luego comprendí que la gente normalmente está fuera hasta la tarde.

Fui a una especie de sala común y allí estaban 3 belgas a lo suyo. Dos de ellos no parecieron poner mucho interés en mi presencia, el otro sin embargo sí. Me dejó claro desde el principio que esa era la sala de los belgas, que los erasmus teníamos otra. Durante los días me he dado cuenta de que los estudiantes belgas que aquí habitan no tienen ningún interés por los estudiantes internacionales. Tienen su propia cocina, su sala, su pasillo… De hecho, rara vez se les ve si no se va expresamente a dónde ellos viven. 

Y así que me dispuse yo a darme una duchita, porque las horas de viaje cargado de cosas habían pasado factura, y me dispuse a ir a la universidad.


PXL Hogeschool

Suena a talla de camiseta, o a cualquier otra cosa que no sea una universidad, pero si, lo es. Bastante cerca de la residencia, lo primero que vi de esta fue el edificio de SOCIAL WORK, así que os podéis imaginar que como bienvenida, demasié. Me dirigí al edificio de los estudiantes (no se realmente si se llama así, pero yo aquí llamo a las cosas como creo que deberían llamarse) y pedí en información que me firmaran los papeles de recibimiento. Salió una chica que me hizo una foto para el carnet de estudiante, y cuando le pedí que firmase el papel, al no saber qué era, llamó al edificio donde me podían dar más información al respecto. Al no poder ayudarme, decidió acompañarme al sitio en cuestión, y me hizo flipar, porque en mi universidad (y me atrevo a decir que casi en cualquiera de España) me hubieran respondido un ”vuelva usted mañana”.



En el sitio en cuestión me dieron información sobre la universidad y además me concertaron una cita al día siguiente con mi coordinadora, Ivette, que estaba reunida en ese momento.

Al día siguiente me reuní con mi coordinadora, que me dio los nombres y contactos de mis profesores y además me hizo un tour por mi facultad. Quedé fascinado con el edificio pero sobretodo con la amabilidad y buen trato de quienes allí trabajan.

Durante ese día y los siguientes me dispuse a contactar con mis profesores. Primero en persona, pero decidí pasarme a email cuando la mayoría me decían que les enviase un email. Aún no he recibido respuesta de 3 profesores, pero del resto (un total de 7 asignaturas) ya se lo que tengo que hacer: no ir a clase y trabajar en casa. Por una parte me gusta la idea, por otra me hubiera gustado conocer a mis compañer@s de clase belgas, pero ir a una clase cuyo idioma no entiendes es una pérdida total de tiempo.

De la residencia y la ciudad os hablaré próximamente… ¡No tengo tiempo pa na!

Hoy ni zanguer ni na... Os quiero chupipandi!

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